
Esta es la entrada número
M de nuestro blog, así que lo que toca es agradecer a todos los lectores y compañeros su apoyo y recordar el reciente pasado. Escribiendo siempre a ratos y leyendo mucho, hemos conocido en nuestros pastos a mucha gente de bien, borreguitos de pura cepa unos y pastores de elevadas miras otros, casi todos ellos dignos de prestarles la debida atención, incluyendo (por ser un poco
recursivo) a la plataforma
Blogger, tan pronto
absorbida por nuestro todopoderoso proveedor de servicio, que también fuera protagonista de estas páginas en diversas
ocasiones.
Mil son las palabras que hay que amontonar para obtener una imagen del mismo valor; mil es el entero que antecede al palíndromo binario de cuatro cifras de menor cantidad y que tiene su propio
blog, y también es el apellido del personaje al que dedico este post, ese ladronzuelo llamado
Franz que, al igual que muchos otros estafadores de la Alemania nazi, tratando de robar al poderoso acabó con las ilusiones y ahorros de casi todo su pueblo tratando de vender el sueño de cualquier
alquimista al mejor postor.
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