
Reconfortado, por un momento, volvió hacia el puesto de mando, donde un soldado le llamó por señas, acercándole los prismáticos de visión nocturna: "Mi sargento; hemos localizado a un hombre y una mujer con un manto blanco sobre las dunas a lomos de una burra. Viajan solos, pero no sabemos si son beduinos o están perdidos. ¿Qué hacemos?."
De golpe, volvió a echar de menos su casa, a su familia y la alegría que no tenía, detestando aquel pedregal y la Navidad. Oteó el horizonte con el visor y esbozó una mueca. Maldita guerra, repitió en voz alta. Volviéndose con un gesto seco, ordenó a los soldados: "Carguen las armas y prepáranse para disparar. Nunca se sabe".